jueves, 27 de febrero de 2020

...Y SU NOMBRE ERA JHON

Ella era una mujer vivaz, alegre, siempre con su gran sonrisa en la cara que mostraba sus amplias encias y grandes dientes, que lejos de hacerla fea le brindaban una particular belleza. Tenia una delgadez bien proporcionada, que yo siempre decía que se veía mejor desnuda que vestida. Rebelde desde su adolescencia, y aun hoy lo sigue siendo a su manera. Desde que eramos muy jóvenes experimentó todo en la vida muy  intensamente: las fiestas, el alcohol y el cigarrillo, las amistades, los viajes, el sexo, las peleas y el amor, amor del bueno; más de una vez pensé "cuando será que agarre minimo". Realmente creo que experimentó todo en la vida, salvo el ser madre; aunque a pesar de ello logró conocer el amor incondicional, ese en el que se es capaz de sacrificarnos por el bienestar y felicidad del ser amado y que yo siempre creí que sólo se era capaz de sentir cuando se tiene un hijo; pues ella es tan única que fue capaz de experimentarlo junto al amor de su vida, quien fuera su esposo.
Junto a ella comparti mi infancia, mi adolescencia y parte de mi adultez; compartimos no se cuantas vacaciones, fiestas, bailes, paseos, amigos. Miles de vivencias. Ella lo fue todo, lo mejor y lo peor: los mejores,  los más agradables y los más felices momentos y los más dolorosos.
Hoy puedo decir con certeza que su ávida necesidad de vivir la vida intensamente se debía a que en lo más profundo de su ser, ella sabía que dejaría prontamente su existencia en este plano terrenal.
Ella era una mujer vivaz, alegre, siempre con su gran sonrisa que mostraba sus amplias encias y grandes dientes, que lejos de hacerla fea le brindaban una particular belleza, así la recuerdo.


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