El mensajero le entregó el paquete que estaba esperando, era temprano en
la tarde; y como ella estaba muy ocupada preparando unos reportes y entrenando
a su sucesora en el cargo, sólo se limitó a enviarle un SMS con un simple: “Gracias!!!”
Habrían transcurrido apenas unos cinco minutos cuando sonó el tono de
mensajes de su celular, lo tomó y leyó la respuesta a su mensaje: “Te lo
regalo! Consérvalo como un recuerdo mío”, y lo volvió a dejar sobre el
escritorio para terminar de enviar un correo importante; pero, sintió que se le
atropellaban las palabras para responder el mensaje, por lo que tomó su celular
y comenzó:
“Cómo que un recuerdo tuyo??? No
necesito un libro para recordarte, aunque te agradezco y me encanta el gesto. Y
no necesito nada para recordarte, porque simplemente te llevo conmigo en mi
memoria y mi ser. Pues desde la primera vez que entraste a mi vida me has dado
motivos suficientes para no olvidarte nunca, y por los cuales te estoy
infinitamente agradecida. Gracias a ti me encontré nuevamente a mí misma, me
conecté de nuevo con ese ser que soy y que, por distintos motivos, olvidé
que era o relegué a un segundo plano. También me enseñaste lo que es ser herido
por alguien especial y cómo recuperarme sin rencores. Y el encontrarnos
nuevamente me permitió saber a ciencia cierta que soy capaz de perdonar; pero a
perdonar de verdad. Durante todo este tiempo después de que nos encontramos
nuevamente, has redimido tu culpa y te
convertiste, sin saberlo, en mi fuente de inspiración para originar un montón
de cambios en mi persona. Tengo tantas cosas que agradecerte, aunque tú creas
que es al revés. Eres un hombre muy especial, al que quiero y aprecio mucho de
una manera que se me hace difícil de explicar. Tu simple existencia en el camino
de mi vida es más que suficiente para recordarte”
Y aunque todas esas palabras y frases, le venían a la mente de una
manera avasallante, que le humedecían la mirada y le oprimían el pecho, no fue
capaz de escribir ninguna de esas frases ni ninguna otra; sólo releyó el mensaje, sonrío y colocó nuevamente el celular en el escritorio, quedándose con todas esas frases dandole vueltas en la cabeza y con los sentimientos alborotados, pero sin hacérselos saber a él.
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